Delfina y Simón estaban totalmente desaliñados, con manchas de sangre en sus rostros y extremidades rotas. ¡Tenían pequeños trozos de vidrio en la boca! Se arrastraban como perros heridos, mendigando la misericordia de Lorenzo, ¡solo buscaban una muerte digna y rápida! En términos despectivos, ahora no eran diferentes de los muertos vivientes.
—Secretaria Pérez, ¿has venido? ¿Cómo está la señorita Silva?
Lorenzo vio a Lucía y sonrió levemente.
Lucía se quedó atónita y tembló con fuerza involunta