—¡No te atrevas, rufián, sinvergüenza!
Isabel estaba tan enfadada que sentía que su pecho iba a estallar en ese momento.
Lorenzo, imperturbable, dijo: —Solo te doy tres segundos. Si no te disculpas de inmediato, tendré que actuar con fuerza. Tres… Dos… ¡Uno!
—¡Lo siento!
Isabel miró a Lorenzo con total resentimiento, deseando devorarlo vivo.
Lorenzo la soltó y le dio un fuerte pellizco en la parte trasera mientras decía: —¡Esto es como interés! ¡No está mal tu trasero!
Isabel explotó de ra