—Ustedes son libres de creer en verdad lo que quieran, ¿pueden irse ahora mismo? —les habló Lorenzo con indiferencia.
Esas palabras avivaron al instante la furia de los policías, quienes reaccionaron de inmediato.
—¡Qué descaro!
—Es obvio que está aprovechándose, ¡y aún así se atreve a hablar con tanta arrogancia y descaro, sin vergüenza!
—¡Si tienes verdaderas agallas, ven a pelear uno a uno!
¡La gente estaba tan enfurecida que deseaban golpear a Lorenzo en el suelo sin piedad alguna!
Pero Isab