El rostro delicado de Isabel se sonrojó rápidamente a un ritmo muy visible. Le lanzó una mirada furtiva de reproche y dijo:
—Recuerda, solo estoy haciendo esto para cumplir con la misión encomendada. Si te atreves a aprovecharte de mí, ¡serás el primero en recibir un fuerte golpe!
Dicho eso, levantó la barbilla, alzó su delicada mano y se enganchó directamente en su brazo, como una verdadera pareja.
Esa escena hizo que los observadores, especialmente los hombres, se pusieran aún más celosos. ¡Qu