Esos malvados clavaron sus penetrantes miradas llenas de malicia en Lorenzo. Cuando los guardias se fueron, varios de ellos lo rodearon, con expresiones de disgusto.
—Caballero, ¿qué le trajo aquí?
Lorenzo levantó con ferocidad la mirada y respondió: —No he cometido ningún crimen.
Los hombres estallaron en risas muy burlonas.
—Todos los que vienen aquí dicen lo mismo, ¿verdad? Y con esa cara bonita tuya, en realidad podríamos divertirnos un poco...
Con una sonrisa perversa, los hombres se acerc