Capítulo 40

—Debo irme— suelto para mi amigo una vez que me ha explicado la situación del gimnasio y hemos hablado de ello— te veo mañana.

—¿Estás loca?— sus ojos se entrecierran en mi dirección— pudiste haber venido mañana a hablar, es muy tarde.

—Estaré bien— un encogimiento de hombros acompaña mis palabras.

—Vamos, te llevo— estoy a punto de abrir la boca para protestar, pero el no me da oportunidad de hacerlo— no es una pregunta, Liza. Mañana voy por

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