LA REINA DEL MAFIOSO. Capítulo 26.
Silas jamás fue de admitir sus equivocadas ideas, nunca le preocupó en absoluto el resto, menos cuando sus propios intereses se veían afectados.
Lo arrogantes lo llevaban en la sangre, pues para Braulio la situación no era muy diferente. Un dicho muy frecuente entre ellos siempre fue que cada ser humano debía cuidar de su mundo, sin importar el del resto. Y siempre lo hicieron.
Su mundo eran sus hermanos y padres al principio, cuando Silas se casó, su esposa y su hijo se volvieron el propio,