El segundo mes de rehabilitación había llegado y, con él, una determinación que rayaba en la locura. Esa mañana, Sebastian se había levantado con más ganas que nunca. La apatía de las primeras semanas se había esfumado, reemplazada por un motor interno mucho más oscuro y potente. Su motivación ya no era la simple supervivencia; era una mezcla tóxica de amor y odio que seguía sintiendo hacia Cassandra.
Sus actos repentinos, su abandono inexplicable y aquellas incógnitas que no dejaban de atorme