Clyde no podía creer lo que veían sus ojos.
Debía estar alucinando.
Ella estaba sentada justo frente a él, mirándolo fijamente.
¡Imposible!
Violet.
Su rostro, su voz y su manera de comportarse.
¡Era ella!
La mujer sentada frente a él era su exesposa.
Clyde jamás se equivocaría con su voz.
Jamás se equivocaría en nada relacionado con ella, sin importar cuántos años hubieran pasado.
Sin embargo, ella solo lo miraba, con los ojos muy abiertos y llenos de lágrimas.
No dijo una sola palabra ni respondió a su pregunta.
Clyde necesitaba confirmarlo una vez más.
Tenía que asegurarse de que no era su imaginación jugándole una mala pasada.
Así que volvió a extender la mano para tocar su rostro—
Pero unos pasos apresurados lo interrumpieron.
De pronto, tres hombres vestidos con ropa de cuero negro irrumpieron en la habitación.
Sus prendas estaban empapadas de agua y sus miradas recorrían el lugar con miedo, como si buscaran a alguien.
Entonces, sus ojos se posaron en Violet al mismo tiempo, y el