Los oídos de Violet debían estar engañándola.
¿De verdad era la voz de su hija?
Aparte de Mimi, no había ningún otro niño en esa isla.
¡Mimi!
Violet se tambaleó, aliviada, sujetándose del marco de la ventana para sostenerse.
¿Cómo podía haberse equivocado?
Esa era la voz de Mimi.
“Eres una niña adorable…” se escuchó la voz de un hombre. “Claro que me gustas… pero no soy tu papá.”
¡Clyde!
El corazón de Violet se hundió y su esperanza se desplomó.
¡No podía ser!
No debía ser Clyde quien hubiera s