— ¿ Qué haces aquí? — Lorenzo no pudo evitar sorprenderse al encontar a su hijo esperándolo en su habitación el día que regresó a casa del hospital.
— No pensarías que me marcharía dejándote solo en tu recuperación...
— No sabía que eras enfermero.
— He decidido ignorar tus ataques. Hago lo que mi conciencia me dicta, porque yo sí soy buena persona. Mi madre no crió un mal hombre.
La risa obligó a Lorenzo a apoyarse en la cama.
— Acabarás matándome... deja de decir tonterías.
El rostro de