Elizabeth encontró la ropa para Juan Pablo y caminó hacia él, sus ojos se abrieron como platos al verlo con una mano estirada, con una caja muy delicada en su mano.
Colocó la ropa sobre la cama y se sentó a su lado, sin decir más, la sorprendieron más sus palabras:
- ¿Me harías el honor de ser mi esposa?
Elizabeth tomó la cajita y la abrió, viendo la hermosa piedra con diamantes incrustados, una lágrima cayó sobre su mejilla y le dijo: - Repítelo
- Mi amor, mi Elizabeth ¿Aceptarías casarte c