MAYA
Esta vez su boca se cierra sobre mi y los suaves movimientos de su lengua hacen que me desperece. No destapo la sábana, porque lo haga o no, no voy a ser capaz de enfocar nada y la verdad es que ver la sábana moverse me da un gustirrinín un tanto misterioso.
Separa su boca de mi entrepierna para hablar:
—Sé que estás despierta. Feliz cumpleaños.
Alargo la mano bajo la sábana y, agarrándole del pelo, lo empujo de vuelta. Se ríe y me besa justo en el centro.
Me muerdo los labios con tanta fu