Antonio me lanzó una mirada rencorosa y se marchó sin decir palabra, llevándose a Isabel en brazos.
Me quedé ahí parada, confundida. ¿Qué significaba esa mirada? Parecía que me odiaba profundamente. ¿Acaso me culpaba por evitar que gastara esos 20 millones?
No supe qué pasó después con Isabel. Con el brazalete de mi madre en mis manos, regresé satisfecha a Altamira y fui ese mismo día al cementerio a contarle la buena noticia.
Ya entrada la noche, cuando finalmente pude calmarme y contemplar el