Al ver la maleta de viaje en el sofá, me apresuré a decir:
—No olvides llevarte la ropa.
—La dejaré aquí, de todos modos vendré a pasar la noche tarde o temprano —respondí con naturalidad.
—Mis condiciones aquí no son buenas, no te obligues a pasar incomodidades —le devolví sus propias palabras.
—Cualquier lugar donde estés tú, por malas que sean las condiciones, es un paraíso —me lanzó otra frase cursi mientras se dirigía a la puerta y se cambiaba los zapatos.
Apreté los labios, entre sonreír y