Me reí resignada y levanté la mano para jurar: —Te lo prometo, no diré ni una palabra. ¡Si rompo mi promesa, que me vaya mal en todo por los próximos diez años!
—Tranquila —dijo Sofía dándole palmaditas en el hombro a Mariana—, la conozco hace años y si algo tiene, es que cumple sus promesas.
Le lancé una mirada fingiendo enojo: —¡Sofía, repite eso! ¿Acaso es mi única virtud?
—¡Jajaja! —Sofía se rió y me miró de arriba abajo—. Ah, y también tienes un cuerpazo.
La perseguí para pegarle en broma.