Noche profunda, un hombre y una mujer solos, un cielo romántico estrellado y té caliente.
Todo era tan perfecto, tan imposible de resistir.
Pero él se contuvo en el último momento.
-María... despierta, si no vuelves en ti... esto se nos va a ir de las manos -bromeó mientras se apartaba, rozando mi nariz con su dedo.
Abrí mis ojos nublados por el deseo y vi el brillo en su mirada, la ternura en su expresión. Por un momento, quise mandar todo al diablo y hacerlo mío ahí mismo.
-Lucas, no te vayas