—¡Vale, vamos por ti!
Después de colgar, las dos se apresuraron en coche y me enviaron la ubicación del restaurante que habían elegido.
Di un vistazo: a diez minutos caminando. Perfecto para mí.
Al llegar al restaurante, las dos me saludaron agitando las manos desde lejos.
—Acabo de llamar a Lucas para ver si venía —dijo Mariana—, pero cuando se enteró que éramos tres mujeres, dijo que ni de vaina.
No pude evitar reírme. —Está ocupado con el trabajo, ya llegó tarde a la oficina esta mañana, mej