—Solo puedo ayudarte con una reparación temporal. Mañana deberías llevar el auto al concesionario para que reemplacen el cableado, así evitas que vuelva a fallar el arranque por un mal contacto —dijo él.
Le agradecí profusamente, una y otra vez.
Como se había ensuciado las manos, inmediatamente saqué una botella de agua del auto y se la serví para que pudiera lavárselas.
Mientras Mauro se secaba las manos, me miró y comentó:
—Hace frío hoy, me acordé de aquella parrillada que me invitó la señori