Los difamadores me atacaban con vagas acusaciones sin fundamento, mientras que mi contraataque estaba respaldado por evidencia irrefutable y pruebas contundentes.
No era de extrañar que Antonio recurriera a un número desconocido para reprocharme ser tan meticulosa, acusándome de recordar cada mínimo detalle con excesiva precisión. Era evidente que se encontraba nervioso y acorralado, consciente de su posición vulnerable ante las pruebas presentadas.
¿Detalles insignificantes? Me reí internamente