Carmen evidentemente tenía mucha rabia contenida y yo me crucé en su camino, recibiendo toda su furia.
—¿Qué culpa tengo yo si ella contesta el teléfono de Antonio sin permiso? —respondí igual de molesta—. Deja de ser tan agresiva, cuidado que el karma le caiga doble a tu hija.
—¡María! ¡Eres una miserable víbora! —Carmen rugió furiosa, con la voz quebrada—. ¡Ojalá nunca te enfermes!
No tenía ganas de pelear con ella:
—No fue mi intención, en realidad no sabía que Antonio había dejado su teléfon