¿Qué? Me quedé atónita, luego solté una risa sarcástica:
—Isabel, por fin muestras tu verdadera cara.
Todos estos años fingiendo ser inocente, débil y digna de lástima.
Incluso cuando me regañaban, me pegaban o me castigaban, ella intercedía por mí, actuando como si fuera bondadosa y compasiva.
Por fin dejó de fingir.
—¿Qué cara? Siempre he sido así, simplemente eres tú la que no me soporta —seguía Isabel con su absurdo discurso.
—Da igual, no quiero discutir contigo. Solo asegúrate de decirle a