Mi amor por él, en esta silenciosa noche profunda, era como el auto a toda velocidad, corriendo sin control.
Nunca imaginé que después de sufrir un golpe emocional tan devastador, pudiera volver a entregar mi corazón a otro hombre tan rápidamente.
Aunque fuera como una polilla lanzándose al fuego, lo aceptaba con gusto.
Pero lo más lamentable era que él, tan brillante y perfecto, tan impecable, me hacía amarlo profundamente y al mismo tiempo me causaba temor enfrentarlo.
Lo miré fijamente, abstr