Me preguntaba por qué habría asistido a mi boda con Antonio alguien tan importante. No tenía sentido, ¿me estaría equivocando? Aunque, pensándolo bien, para alguien que rara vez aparece en público, al menos había presenciado todo un espectáculo.
El celular al instante me sacó de mis divagaciones.
—¡Antonio e Isabel son unos asquerosos! —gritaba Sofía por teléfono, furiosa y exaltada—. ¡Casi estrello mi celular de la rabia! ¡Pero tú estuviste genial, les diste su merecido a esa pareja de víboras!