El caos se desató por completo, con los invitados levantando apresurados sus celulares para grabar frenéticamente. Yo estaba en desventaja, sola contra todos, pero afortunadamente los padres de Antonio, preocupados por las apariencias, corrieron a separarnos.
—¡Por favor, por favor! ¡Es la boda de los chicos! ¡Hay tantos invitados mirando! ¡Deténganse!
—¡No me detengan! ¡Hoy voy a matar a esta hija ingrata! ¡Mala suerte! ¡Naciste para arruinarme!
Mariano, completamente fuera de sí por mi provoca