Mundo ficciónIniciar sesiónAfuera, las manos de Elena ya empezaban a dolerle de tanto golpear la puerta.
Estaba furiosa.
—¡Bien! ¡No la abras! ¿Crees que no tengo otras maneras? ¡Ya verás!
Llamó a una de las empleadas de la casa.
—Tía Fia, tráeme a un cerrajero. Quiero que abra esta puerta... y también la de Leticia.
—Sí, señorita —respondió la mujer con entusiasmo.
Desde qu







