—¡Ayyy!
Un dolor más agudo que cualquier otro que hubiera conocido se apoderó de Rocco, como si una garra hubiera destrozado su alma.
Se levantó bruscamente de la silla al lado de la cama de Scarlett, agarrándose el pecho y jadeando.
—¿Rocco? ¿Qué te pasa? —Scarlett se sentó en la cama, con una voz llena de preocupación.
Ese dolor... no era normal.
No era un dolor sordo; era una herida devastadora.
Intentó contactar a Caterina a través de su enlace mental. Pero nada, solo hubo un silencio absolu