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Adele.
Entonces, veo cómo se levanta Salamanca de repente de su asiento, con tal rapidez, que casi que desbalancea nuestra embarcación, tomando al hombre por el cuello.
―Pero ¿qué demonios se supone que vas a hacer? ―le dice, levantando la mano y casi a punto de darle un mal golpe, al tiempo que se levanta Matrucan para detenerlo.
―Capitán, deténgase, por favor―le pide este, al tiempo de que trata de tomarle el brazo para que no le pegue al tipo que me estaba tocando, pero Salamanca no se m