FRANCINE
El aire en la oficina del Dr. Joel Cruz siempre es demasiado frío y huele a antiséptico y cuero viejo. Lo odio. Odio caminar por este pasillo, pasando junto a los retratos de antiguos presidentes de hospitales, sin saber adónde voy ni por qué. Pero la puerta ya se cierra tras de mí antes de que pueda siquiera respirar hondo.
Y ahí está. El viejo médico pervertido. Sentado tras ese escritorio enorme y carísimo, con aspecto de rey en su trono. Su sonrisa es instantánea, como la de un dep