— ¿Cómo estás, Ron? —fue la pregunta que escuchó Samantha en cuanto descolgó la llamada entrante del móvil. Solamente giró su celular para que Georgina vislumbrara que estaba de papeles hasta las cejas. —Bien enredada por lo que veo. Algo que contarme. Bueno, por aquí me siento muy solita. Inglaterra no es lo mismo sin ti. Hasta mi sombra me ha abandonado. Lleva unos días que no para de llover. Sabes esa lluvia fina que te cala hasta los huesos. Pero habla, no te quedes callada.
—Es que no me