Durante esos tres días que los Montenegro no se habían aparecido por la empresa, todo había sido medio caos. Marcos estaba a punto de quedarse calvo debido a la cantidad de gritos que había pegado y la cantidad de veces que se había pasado las manos entre su cabello. Y eso que estaba preparado para trabajar bajo presión pero esa situación era inconcebible. No había llegado a ser el segundo al mando por gusto, pero detestaba los errores sin importar el tamaño. Todos traían pérdidas: de dinero y