CAPÍTULO 164
Vargas salió rápidamente de la habitación.
Su estómago se sentía enfermo.
Dentro del tranquilo estudio con vistas a los viñedos dormidos, Esperanza Morales comenzó a planear su próximo movimiento.
Un movimiento final en un juego que había estado funcionando durante décadas.
Un juego en el que los niños pagaban por los pecados de sus padres.
Y al final, todos perdieron.
Se avecinaba la tormenta.
Y esta vez...
Nadie estaba listo.
QUEENS BAR — NOCHE
Sebastián se sentó en una cabina os