(Punto de vista de Lily)
La puerta del dormitorio se abrió de golpe a las dos de la madrugada, estrellándose contra la pared con un crujido que me heló la sangre. Alex estaba allí, recortado contra el umbral, con el teléfono agarrado en una mano y el rostro contraído por una rabia que jamás había visto.
"Mentirosa descarada".
Me quedé paralizada en mi silla de ruedas, con las piernas, que ahora sí podía caminar, metidas bajo la manta. Durante seis días, había estado haciendo ejercicio a escondi