—¿Tío Bennie, estás mirando, verdad? —gimió Sarah con media risita, su voz sensual cruzando la ventana abierta, justo al otro lado de la calle.
Sus cortinas susurraron en el aire fresco de la mañana mientras ella abría de golpe las ventanas.
Dicho “tío Bennie”, también conocido como el detective Benjamin Powl, estaba sentado en su coche al otro lado de la calle, los ojos fijos en su dormitorio. Se le cayó la mandíbula casi tan rápido como los pantalones en el momento en que posó la mirada en su