«Soy tuyo, nena. La polla de papi es tuya. Tu sucio juguete de follar. Cuando quieras, nena. Usa la polla de papi. Deja que papi lo arregle todo, nena. Tu polla, no la de tu mamá», escupió Dean todas las tonterías que no podía contener, pero joder, la puta cachonda lo montaba como una mujer poseída.
Habría dicho cualquier cosa con tal de que ese coño siguiera apretando mientras subía y bajaba por su polla.
Ella se rio sin aliento, bajando con más fuerza.
Eso es, papi. Gánate mi puto silencio.
«