Caleb nunca había tenido un orgasmo más doloroso, pero fue la devastación en los ojos de Lila lo que lo puso de rodillas.
Serena retrocedió, mirando entre el intenso contacto visual entre los hermanos.
Esta mierda era incómoda.
—Esta gente está realmente loca —murmuró para sí misma.
Caleb quería gritar, decirle a sus padres que resolvieran sus mierdas sin él, pero incluso si su polla no seguía corriéndose, ya no podía moverse.
Sus ojos permanecieron pegados a los de Lila, húmedos, muy abiertos