La vergüenza de Carry aún no conocía límites, pero Bill no tenía tales reparos. Su sucio lenguaje fluía como el vapor que los rodeaba.
«Tu coño está succionando la polla de papi como si hubieras nacido para esta polla. Siente lo profundo que estoy dentro de ti, reorganizando tus entrañas, gatita», ronroneó contra su mejilla mientras embestía profundamente.
«Odio cómo me arruinas», se quejó ella débilmente por enésima vez, pero esta vez no mencionó a su mamá. Lo había dejado follársela demasiada