«Nadie más toca lo que es mío. Nadie más calma lo que papi rompió. ¿Quieres polla, gatita? Te la voy a dar yo, joder. Solo yo», tronó Bill, sacudiendo su furiosa polla mientras se acercaba a ella, mirándola con dagas en los ojos.
La bombilla se encendió sobre la cabeza de Carry y su corazón se derritió una vez más.
«No intentaba follármelo. Eres un animal que me folla demasiado. Es un puto doctor, Bill», escupió ella, enterrando su afecto por su marido bajo el odio.
El alivio brilló en los ojos