Sus susurros roncos se volvían más sucios entre gruñidos.
«Este culo tiembla tan bonito cuando papi te golpea», raspaba con satisfacción mientras la follaba hasta dejarla tonta.
Ella ahogaba gemidos contra la palma de su mano: «Bill, Dios, no puedo… ¡sí, joder, sí!»
Luego Carry alcanzaba el clímax en múltiples estremecimientos violentos, cada uno más intenso que el anterior.
«Piedad, por favor papi. Te lo suplico», gemía su voz ronca.
Bill seguía follándola de todos modos, diciéndole: «Solo un