Adele Smith
— ¿Tenían la vendiste?—
—Tuve que venderla, el pueblo no ofrecía nada bueno para nosotras. — Le digo
—El señor Morrison, no iba a dejar que fuésemos felices allá. — Le dice Alexa y solo mencionar a ese cerdo me pone de mal humor.
— ¿Morrison el dueño del restaurante?— Pregunta el con curiosidad, olvidaba que él conoce a todos, cuando él se marcho ya Morrison era cuarentón y ahora no solo es cincuentón es un viejo, gordo, pelón y con mal aliento, que pretendía hacerme su amante.