77. La coartada del trabajo en grupo
El corazón de Elara latía con fuerza al ver la silueta de Jaxon dentro del coche negro al otro lado de la calle. La mirada de aquel hombre parecía atravesar el cristal de la cafetería y clavarse directamente en su piel.
—¿Elara? —la llamó Mark de nuevo. Su mano seguía intentando agarrar el borde del suéter de la chica—. Vamos, dame tu número. No te molestaré si estás ocupada.
Elara se levantó de su silla de inmediato. Agarró su bolso de lona con un movimiento brusco. —He dicho que no, Mark —resp