CAPÍTULLO 28. Un alma desmaquillada
CAPÍTULLO 28. Un alma desmaquillada
El lugar estaba en silencio, solo el sonido de su respiración agitada y el eco de sus pasos llenaban el espacio. La llevó hasta la cama, con movimientos lentos y precisos, como si temiera romperla al soltarla. Y sus manos temblaron ligeramente mientras se ponía otra inyección de morfina para recomponerse.
Se sentó junto a ella presionando aquella herida y sus ojos no se movieron ni un centímetro mientas esperaba por el médico.
No habían pasado ni diez minutos