CRISTINE FERRERA
El resto de la semana de la moda en París pasó sin alteraciones y conforme los días avanzaban solo había dos cosas en mi mente: Eliot y todos esos regalos de hombres adinerados, jóvenes o viejos, enalteciendo mi belleza y a veces ofreciéndome trabajo o incluso una vida matrimonial estable, lo cual obviamente no creía que fuera posible.
Al principio quise devolver todo, pero Zafrina me detuvo.
—Cariño, acepta sus regalos, quédate con los que más te gusten los otros los puedes