TOM BENNET
Retrocedió un paso a la vez, parecía… triste, pude notarlo pese que su rostro estaba cubierto por encaje. La conocía tan bien que podía interpretar su estado de ánimo incluso en la penumbra que nos rodeaba. Se sentó en la orilla de la cama, tan pequeña y vulnerable que me desarmó.
—No me malinterpretes. No suelo entrar en esta clase de lugares. De hecho, jamás creí que lo haría en toda mi vida.
—Entonces… ¿por qué lo haces? —pregunté casi sin voz. Tenía miedo de que no solo buscara