JIMENA RANGEL
Ese era el momento de huir o quedarme. Quería tener un hijo, pero tenía miedo, o eso fue lo que sentí hasta que llegó él. Por inercia tomé su mano con timidez y las mejillas encendidas, logrando que su mirada amenazante por fin se alejara del tipo odioso.
Mi corazón dio un vuelco, era como si su cuerpo generara energía y al tocarlo, energizara el mío. Di un paso hacia él y comencé a respirar con algo de dificultad, pero de manera profunda. Su olor me era conocido, fruncí el ceño,