CRISTINE FERRERA
El mensaje que me había llegado de ese número desconocido era corto y directo: «Soy la amante de tu esposo, si quieres enfrentar esto de una vez por todas te espero en la cafetería donde nos espiaste. Si llegas acompañada, me voy.»
Me moví por impulso, salí de casa llena de curiosidad, pero ahora, mientras aparcaba frente al lugar, ya no tenía ganas de enfrentarla. Ese arranque de cobardía, de simplemente dejar todo atrás, me invadió. Era la misma sensación que tuve cuando vi