DEREK MAGNANI
Salí de la celda con los brazos y el pantalón llenos de sangre, arrastrando la motosierra mientras la fiesta seguía dentro. Los presos en su locura estaban aprovechando los recursos y pasando por una faceta creativa donde los restos de D’Marco de seguro terminarían decorando las paredes.
Nadie me detuvo, nadie me enfrentó, incluso pude ver en los ojos de cada enfermo ese brillo de familiaridad. Me identificaban como uno más de ellos y tenían razón, incluso podía decir que D’Marco