LUCA MAGNANI
—Cuando me dijiste que querías que habláramos en un lugar un poco más privado me imaginé una cafetería, no tu departamento —refunfuñó Berenice cruzada de brazos y viéndome con los ojos entornados.
—No pienses mal de mí. —¿Lo había hecho a propósito? Tal vez. Si Berenice aceptaba darme una oportunidad, bueno, podríamos reafirmar nuestra relación entre las sábanas. ¡No era culpable de mis deseos por ella! En verdad me estaba volviendo loco. Quería tocarla de alguna manera, sentir su