CAPÍTULO 3: TRES ORGASMOS DESPUÉS
PUNTO DE VISTA DE MAEVE
—Maeve —susurró, y su voz —esa maldita voz— fue un golpe físico de reconocimiento y deseo.
—Dorian —logré decir.
No dijo ni una palabra más. Simplemente extendió la mano, su mano grande y cálida me acarició la nuca y me atrajo hacia la habitación, cerrando la puerta de una patada tras nosotros.
Su otro brazo rodeó mi cintura, aplastándome contra un cuerpo que era todo planos duros y fuerza tensa.
Y entonces sus labios se posaron sobre lo