CAPÍTULO 31. HECHOS INFUNDADOS
Martín vio la tarjeta en manos de su esposa y la angustia inundó su humanidad, se la quitó, la revisó nuevamente y con voz quebrada dijo —Amor, lo siento mucho. Esta tarjeta la hiciste para informarme que estábamos esperando un bebé, después te viniste a Nápoles, tuviste el accidente, no lo perdiste en ese momento, sino luego que padecieras un paro, fue necesario reanimarte con un shock eléctrico y allí lamentablemente fue cuando perdiste a nuestro hijo—concluyó con ojos llorosos.
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